Flora

Los inventarios florísticos realizados hasta la fecha, presentan un listado de 307 especies distribuidas en 74 familias, que incluye registros que sólo se encuentran dentro de la Reserva. La familia más representativa con respecto al número de especies es la Leguminoseae con 26 especies y la familia Euphorbiaceae con 20 especies respectivamente.

Estudios sobre el potencial forestal comercial de los bosques tropicales de Bolivia registran 210 especies para el Bosque Seco de la Chiquitania y 283 para la Amazonia (Superintendencia Forestal, 1999); en Tucabaca, el Bosque Seco Chiquitano de Llanura ocupa cerca del 59% (142.414 ha) de la superficie total del área, pudiendo probablemente albergar un número considerable de especies forestales. También el área del Valle de Tucabaca es particularmente interesante por la alta densidad de lianas presentes (118 > 2,5 cm de diámetro) siendo uno de los registros más altos para el neotrópico.

Otras características de los bosques de la región son la alta variabilidad del potencial de un sitio a otro, una alta abundancia concentrada en pocas especies y volúmenes bajos por individuo aprovechable (promedio de 0.8 m³/árbol), debiendo tomar en cuenta estos aspectos distintivos de los bosques Chiquitanos en el manejo forestal, transformación y comercialización de sus productos. Las especie que actualmente tienen valor en el mercado son: ajunau (Pterogyne nitens), cedro (Cedrela fissilis) cuchi (Astronium urundeuv), curupaú (Anadenanthera colubrina), jichituriqui (Aspidosperma spp), maní (Sterculia apétala), momoqui (Caesalpinia pluviosa), morado (Machaerium scleroxylon), roble (Amburana cearensis), sirari (Copaifera chodatiana), soto (Schinopsis brasiliensis), tajibo (Tabebuia spp.) tarara (Centrolobium microchaete/ Platymiscium aff. Ulei) y verdolago (Calycophyllum multiflorum).

En Tucabaca, la cadena montañosa entre Santiago de Chiquitos y Chochis, constituyen el centro de endemismo más importante del oriente boliviano y del bioma del cerrado. Existen aproximadamente 35 especies endémicas en estas serranías (Tabla N° 6) y más de 55 plantas endémicas en Bolivia. Además hay aproximadamente 30 especies que no son endémicas pero crecen únicamente en estas serranías dentro de Bolivia.

La mayoría de las plantas endémicas crecen en la cumbre y el lado sureño de las serranías al norte de Roboré desde Santa Bárbara al oeste pasando por Motacú, que llega a más de 1100 m de altura, hasta las serranías de Santiago al este. Todas las plantas endémicas, raras o las restringidas solo para esta zona crecen dentro esta parte céntrica pero un buen número también se encuentra más al oeste, sobre todo en el Cerro de Chochís.

Este alto nivel de endemismo se debe a varios factores entre ellos a la presencia de lugares rocosos, lajas, farallones, torres de roca y campo rupestre. Finalmente, la zona presenta un aislamiento relativo de los cerros. La lista de plantas endémicas en los lugares rocosos, ocupan más de la mitad del total de plantas endémicas de la zona. Las mesetas que albergan los campos limpos y campos húmedos extensivos albergan también plantas endémicas.

El libro rojo de las plantas de los Cerrados del Oriente Boliviano señala ocho especies que presentan algún grado de amenaza para esta zona, sin embargo este número es reducido debido a la falta de estudios ecológicos y poblacionales de las especies. De las ocho especies, la especie nueva Mimosa “chiquitanensis” presenta la categoría En peligro (CR), debido a su distribución restringida a la chiquitania, creciendo en los alrededores del pueblo de Santiago de Chiquitos en la salida al Arco de Piedra (Inf. Daniel Soto).

Los parientes silvestres de especies botánicas cultivadas, son especies hasta ahora poco o nada conocidos y/o valoradas en nuestro medio, para la mayoría de los habitantes en las comunidades chiquitanas son solamente hierbas, arbustos o malezas que perjudican sus cultivos, como tal son tratados y eliminados. En general son una fuente incalculable de genes de resistencia natural a diferentes factores adversos que dañan o afectan a los cultivos, o sea son parte de nuestros recursos naturales que están creciendo en su hábitat natural (bosque) y esperando ser aprovechados a favor de la población. Entre estas especies se encuentran: Manihot anomala Pohl (pariente silvestre de la yuca comestible), es “Altamente promisoria por presentar muy buena resistencia a enfermedades, tolerante a sequias, y una alta productividad de raíces engrosadas (carácter considerado como muy valioso para incrementar la producción); Ananas ananassoides (Baker) L.B.S (pariente silvestre de la piña), que es una especie que se adapta bien a diferentes lugares o tipos hábitat, incluso en lugares perturbados, crece bien sobre todo en lugares planos, pero también en áreas relativamente planas de zonas montañosas, otras especies presentes en la zona son: el maní (Arachis), Papaya (Vasconcellea), chirimoya (Anonas), cayu (Anacardium) y otros.

Entre las especies de importancia alimenticia para el ser humano, y que son ampliamente consumidas por las comunidades locales, se encuentran Alibertia edulis (conservilla), Genipa americana (bi), Inga edulis (pacay), Melicocca lepidopetala (motoyoe), Psidium guineense (guayabilla), Salacia elliptica (guapomo), Spondias mombin (zuca), Talisia esculenta (piton), Hymenaea courbaril (paquio) y Dipteryx alata (almendra chiquitana).

Las especies que proporcionan alimento para muchas especies animales silvestres se encuentran: Amburana cearensis (roble), Hexachlamys edulis (mochocho), Annona nutans (chirimoya), Brosimum gaudichaudii (mururé), Ficus pertusa (bibosi), Maclura tinctoria (mora), Rhamnidium elaeocarpum (turere), Sterculia striata (sujo), Bromelia serra (garabatá), Ananas ananassoides (piña de la pampa), Celtis cf. pubescens (chichapi), Acrocomia aculeata (totaí), Attalea phalerata (motacu), Allagoptera leucocalyx (motacuchí), Vitex cymosa (tarumá) y Esenbeckia almawillia (coca del monte).

Dentro de las especies más representativas de importancia económica como maderables se encuentran: Machaerium scleroxylon (morado), Amburana cearensis (roble), Cedrela fissilis (cedro), Calycophyllum multiflorum (verdolago), Tabebuia impetiginosa (tajibo morado), Aspidosperma sp (jichituriqui), Spondias mombin (zuca), Anadenanthera macrocarpa (curupaú), Hymenaea courbaril (paquió), Schinopsis brasiliensis (soto), Astronium urundeuva (cuchi), Gallesia integrifolia (ajo-ajo), Phyllosthylon rhamnoides (cuta), y Acosmium cardenasii (tasaá). Estas plantas se encuentran bien representadas en la Reserva, sin embargo en las parte norte y suroeste de la Reserva se evidencia deforestación, que puede llevar a la desaparición local de estas especies, debido a que sus poblaciones están siendo diezmadas por el chaqueo.

Dentro de las especies más representativa de importancia medicinal para las comunidades y que se recolectan de la Reserva y su área de influencia están: Alcornoque (Tabebuia aurea), Vira vira negra (Achyrocline satureioides), Cuchi (Astronium urundeuva), Cayú chico (Anacardium humile), Paquío (Hymenaea corbaril), Pesoé (Pterodon pubescens), Totaí (Acrocomia aculeata), copaibo (Copaifera langsdorffii), Tipa (Machaerium acutifolium), Pesoé (Pterodone marginatus) entre otros.